Uruguayita




Uruguayita (romancerito)
Eloísa Cartonera, 2009.
Aristóbulo del Valle 666.
República de La Boca.

(Fotos: Marcela Ordiz)

Veranos

Lunes 6 AM. Afuera, lluvia super suave:
mi hermana más grande golpea la puerta de casa
(supe que era ella cuando abrí y la vi
parada, paragua en mano)
Como si fuera una radio con corazón,
me da la necrológica
que involucra a la abuela Lela.
Ahí nomás, me acordé cuando nos llevaba
a comprar golosinas al almacén de la esquina,
allá en Gualeguay,
durante los veranos de la convertibilidad.
El otro día soñé que
jugaba al fóbal con Michel Platiní;
ese francés puro glamur y alta estética.

Casi antes de intercambiar palabras
con mi amigo Plablito,
él ya me había comparado con el Gran Michel.

Fue el mejor elogio del mundo
para alguien futbolero. Todos
esperamos ser un jugador francés.

Porque son los mejores junto con los brasileños.

Borde plateado

No te voy a admitir
que el borde plateado
de la nube gris de la noche
se parece al ánimo con que
te movés al caminar.
Nunca lo voy a confesar ante vos.

Tampoco te voy a decir
que sos como un talibán con cien rehenes
a punto de estallar en pedazos
en nombre de Alá y de Oriente.

Planes

La piba se despide
como si esa misma noche
tuviera planeado intentar suicidarse.
Digo planeado, digo intentar, porque sospecho,
tan fácil no debe ser
autoeliminarse.

Al otro día yendo por la plaza
me la crucé y comprobé: "otra vez
no pudo".

El violento acto de contar

Estoy en mi casa
mirando el partido entre Barcelona
y Real de Madrid. Tengo puesto
el shorcito trucho rojo sangre naik.

Afuera, acá en Paraná, hay una tormenta
que dan ganas de escribir tus obras completas
mientras dure el hecho natural.

Estruendos, cielo plateado,
olor a agua. Así son las ciudades acosadas
por el río, pienso, te contagian el violento
acto de contar.

Esto es la paz



[Foto de Diego Fainstein. La Paz. 2009. Copyleft]
En el cementerio de la ciudad
hay espectros fantasmales.
Cámaras fotográficas digitales
capturan las figuras transparentes
y las sombras en movimiento.
Eso demuestra que Poe no tenía imaginación.

Una hipótesis

Escucho en la radio una hipótesis
antropológica: ningún hombre resiste
más de siete segundos la mirada de una mujer.

Entonces me pregunto cuándo fue
que nunca más supimos sostener esos ojos,
siempre latentes,
aún bajo la negrura de las estrellas.