A la siesta me despertó el golpecito
de la lluvia sobre el techo de chapa de mi casa.
De entrada lo confundí con el ruido
que producen las piedras chinas
cuando se prepara una mezcla
adentro de la hormigonera.
Ahora que la lluvia dejó de caer
me acuerdo de las construcciones precarias
que se hacían en casa, no eran muchas
ya que no teníamos nada de plata,
pero a fuerza de llegar
a los extremos de las necesidades,
nos empeñábamos, como se decía,
para levantar otra pieza
o agrandar quizás el baño.
La lluvia empezó a caer otra vez sobre los techos
y en mi cabeza sigue el ruido de la hormigonera
que prometía nuevos espacios y mejoras en la casa.
-En "Piso de pórtland". Inédito.
0 comentarios:
Publicar un comentario