Apuntes sobre la pelota

“El fútbol es uno de los grandes inventos de la modernidad, y tiene una curiosa particularidad: podría perfectamente no existir. ¿Te has parado a imaginar, Villoro, un mundo sin fútbol? (…) Por eso el fútbol es, entre otras cosas, una de las grandes intrigas de la historia cultural del siglo XX. Muchas veces me he hecho la pregunta: ¿por qué el fútbol?”.
[Martín Caparrós, “¿Por qué el fútbol?”. Correspondencia con Juan Villoro. Letras Libres.com]


[1]
Cuando era chico me gustaba jugar al fútbol. Las veces que lo hacíamos, y cuando llevaba la pelota, yo no decía: “ahí la lleva Maradona, la tiene Maradona…” En realidad, a mi me gustaba relatar que yo era Enzo Francescoli. Sin embargo, mi pieza, en esa casa de La Paz, estaba cubierta de posters y afiches de Diego Maradona. Cada noche me acostaba mirando las fotos legendarias del 10 sacando pecho ante los defensores que miraban el número de su camiseta. Y me dormía feliz, a pesar de todo.

[2]
Más de 15 años después, me levanto y veo en la televisión una especie de pesadilla real: el equipo dirigido por Diego Armando Maradona abandona un mundial perdiendo feo por paliza. “Barrilete Cósmico” no llora porque mucho lloró en el mundial de Italia 90 en la final contra los alemanes. Qué bajito fue el nivel futbolístico, qué grande la esperanza previa, y qué hondo el bajón con el 4 a 0 posterior.

[3]
No sé por qué tenía esos posters de Diego en mis paredes. Me encantaba el fútbol, pero obviamente no recordaba nada del mundial del 86. Tenía dos años. Si recuerdo todo lo de Italia 90 que vimos por ATC. Años más tarde, comencé a verme todos los videos grabados con goles del 10 y no lo podía creer. Tanta magia no era posible. En cuanto pusimos cable por primera vez, la leyenda Maradona cobró realidad: tantas imágenes, partidos, entrevistas, repeticiones y discursos superaron mi subjetividad. Todo era cultural.

[4]
Otra vez estamos en el 2010. Veo pasar chicos y chicas con camisetas de Argentina. Observo las casitas de los suburbios sin puertas pero con banderas haciendo de cortina. La humedad de Anacleto Medina, Macarone y El Morro, toda pintada de celeste y blanco. Los pibitos salen a las calles y no pueden creer que el equipo de Diego haya perdido otra vez un partido fundamental para el ánimo popular.

[5]
Maradona explica, es sentimiento, después vendrá algo de la razón, un poquito nomás:
-El que le erra se toma el avión de vuelta –dice.
-No podés tener el mínimo error, acá es pasar o morir.
- Esto es una trompada de Muhammad Alí, no tengo fuerzas para nada –tira, se levanta y se va, hombre de ojos tristes, dolorido por la traición de sus patrones.

[6]
Ahora escribe el poeta Fabián Casas, días después de la lectura del comunicado de DAM anunciando que no seguiría al frente de la selección, apuntando, de cerca, a Julio Grondona y a Bilardo: “Me encanta ese final de Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino, cuando todos se apuntan entre sí. Hay un minuto tenso y largo donde uno piensa que no van a disparar, pero al final lo hacen, todos, y se matan, quedan en el suelo como cascarudos patas para arriba en una playa ventosa de Necochea. Contemos los muertos: Bilardo, Mancuso, Maradona, Grondona, Grondonita, Basile, Basilito, Ruggeri, Enrique, etc., etc. Qué puntería descomunal. Aparte se tiran de cerca...”

[7]
Los vecinos de mi edificio salen a la calle desilusionados, se miran a las caras, no comprenden la tierra sin Copa del Mundo. Se pasan unos mates y reflexionan. Se preguntan cómo puede ser, siempre la misma historia, 20 años sin finales. Mientras tanto, a 10 mil kilómetros, en España dicen los periodistas: los entrenamientos más fuertes de la selección argentina fueron en materia de abrazos: abrazos antes del comienzo del partido, abrazos en los cambios, abrazos al final del partido.

[8]
Nuevamente, repasemos al escritor Fabián Casas: “Diego Maradona fue un jugador descomunal. Un rebelde táctico bendecido por un don. Los jugadores del porvenir deberían aprender eso de él. El maradonismo, en cambio, la alternativa Dalma, es un estado conservador –aunque a muchos librepensadores les parezca la encarnación de Charles Bukowski–, la perpetua repetición del error conceptual más doloroso para una persona: creer que el destino nos debe algo, que encarnamos el ser universal, que somos el pueblo elegido, la raza pura, los condecorados por Alá, puro merchandising barato y de corta duración, pero que suele costar sangre, sudor y lágrimas”.

[9]
Desde hace poco comencé a preguntarme por el fútbol. Pero no tengo nada claro. Por eso cuando me lo cuestiono, decido escribir cosas sobre la pelota. Quiénes son el fútbol, dónde sucede, cuándo. Por qué el fútbol.


-Publicado en revista La Chancleta, septiembre 2010, Entre Ríos.

1 comentario:

Manu H dijo...

Gran texto Manolo!
Genio!!